EL PROTECTOR (RELATO BREVE)

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Danyiel se sentaba junto a la ventanilla de tal modo que el trayecto desde Madrid a Moscú se le hacía tan divertido como manejar un puzzle en su leonera o cuarto de juegos. Visionar Europa en un plis plas resultaba tan excitante como conmovedor. Aunque por momentos las nubes parecían cubrir el paisaje, el divertimento era igualmente singular. No así Danyiel se sentaba junto a su padre en una ventanilla con visibilidad exterior. Alguien sugirió al padre de Danyiel cediera su asiento a su hijo pequeño para que ambos contemplasen los panoramas del exterior a lo que el propio Danyiel rechazó.

            «¡No quiero que te vayas! Se me echará encima.»

 Serían así cinco horas mínimas de vuelo sin interrupciones. El jefe de cabina localizó un asiento libre con ventanilla al exterior para el pequeño solicitante. Al otro extremo del fuselaje de pasajeros el muchacho podía observar su opuesto cardinal, es decir, la extensión del paisaje que se habría a la derecha del rumbo marcado por la cabina de pilotaje. Otra auxiliar subalterna extendió ricos refrescos a los dos niños, y luego pasó con la bandeja para todos los demás. Vino rojo español para todos los adultos, repartía otra auxiliar. Danyiel pedía a su papá un sorbito entre la celebración. Este se negó, pero fue tan insistente que le permitió mojar sus labios.

            «¡Sabroso!» Y continuó con su refresco.

            Mamá y su hermanita Xue, chinita adoptada tres años mayor que él, se situaban a la popa en el estribor de la zona del pasaje. Xue visionaba igualmente la ventanilla tal como su hermano, no así que su visión del paisaje variaba por su posición cardinal, tal como el muchacho reubicado. Xue bebía refresco. Lima con zumo de limón, agua gaseosa, azúcar, hierbabuena, y hielo picado. El capitán Bermúdez dejaba el control de la aeronave a la navegación automática supervisada por uno de sus comandantes. Se refrescaba en los servicios, tomaba un poco de agua fresca, y junto a su jefe de cabina se dirigía a saludar uno por uno a sus pasajeros. Al llegar a la pequeña Xue y su mama Syusanna el capitán sintió un vaivén inusual, por lo que apresuró su presencia en la cabina de mandos, abandonando su protocolaria bienvenida a sus pasajeros.

  • ¿Sucede algo, capitán?
  • Nada fuera de control.

 

El vuelo se sucede con absoluta normalidad.

Así el capitán Bermúdez de regreso a la cabina de mandos pudo comprobar que la nave había perdido el rumbo demarcado. Estaba absolutamente desorientada. Desconectando la navegación automática, tomo los mandos manuales al control de la aeronave, y comprobó que la posición del sol distaba de los registros en su panel tal como era previsible. Trató de evitar que la nave dislocara su dirección acorde. El pequeño Danyiel observaba las nubes pasar así pues sobre la diminuta Berlín que se extendía sobre la poblada Alemania. El capitán Bermúdez solicitó a sus dos comandantes tomaran posiciones al cargo subalterno del pilotaje del avión. El jefe de cabina de pasajeros y sus auxiliares especialistas fueron alertados e informados por su capitán de modo que cada uno de estas azafatas y azafatos se instruyeran en sus salvedades. «El avión había perdido su rumbo delimitado.»

 

«Consensuar así pues un simulacro sin preavisar ninguno de sus efectos como tarea consecuente.»

 

*

 

La evacuación de los pasajeros exigía así pues un aterrizaje inmediato. «Se anunciaba por megafonía las instrucciones a seguir.» El capitán Bermúdez junto a sus comandantes en vuelo notificaban a la torre de control del aeropuerto de Berlín BER la situación en que se hallaba el vuelo. Esta emergencia se derivó al aeropuerto de Leipzig más acorde con las condiciones y cercanía solicitas de la urgencia.

  • ¿Qué sucede?

… El capitán afirmaba que todo sucedía con naturalidad.

  • ¡¿Por qué nos ha engañado?!
  • No hay engaño…

Todo sucede con absoluta naturalidad…

Sólo tenemos que aterrizar en el aeropuerto de Leipzig precautoriamente.

Es una necesidad inmediata sin más anormalidades ni complicaciones.

¡Todo irá bien!

Pónganse los cinturones de seguridad y mantengan sus asientos en posición vertical…

Cualquier necesidad personal comuníquenmela a mí mismo o a las auxiliares del vuelo.

Si alguien requiriera respiración asistida sigan las instrucciones anexas a las mascarillas.

No corremos peligro… Este es superfluo.

¡Colaboren y tengan calma!

 

… Cumplan con los guiones suscritos y no habrá otras objeciones.

«Un señor con aspecto arábigo latino se desplazó desde su asiento hacia las mediaciones cercanas a la presencia del jefe de cabina y le increpó sin alarmar más así pues a los alborotados pasajeros. En sovoz le instó a invitarle a desplazarse a la cabina de pilotaje mientras le apuntaba con un revólver. Cualquier movimiento o distracción impertinente pudiera resultar nefasto. Así advirtió de otros compañeros infiltrados con él entre el pasaje dispuestos para pasar a la acción como fuese así necesario. «Nadie se percataba de nada.»

“Una vez en la cabina, sin soltar así la empuñadura a la altura en la sien del jefe de cabina, expresó el deseo de la inminente entrega de los mandos del control de la nave que habían sido saboteados por un miembro informático del grupo terrorista sitiado en el pasaje. No había pues tal avería en el sistema del vuelo sino un sabotaje informático terrorista. Acudían a la cabina de mandos así dos supuestos policías de incognito, tal como terroristas. El capitán Bermúdez comenzaba a dudar de la situación. De este modo sugirió al total de la tripulación en desconocimiento de los hechos se conminase en la cabina cuanto antes. Una vez reunida toda la tripulación les suministraron susodichas dosis de escopolamina con la que con ésta quedaron mitigados al sueño. El propio capitán Bermúdez desmintió a los pasajeros por megafonía el estado anómalo de la trayectoria de la nave. El vuelo había recobrado así su orientación. Una vez todos los tripulantes adormecidos, salvo el capitán Bermúdez, a quien se le había suministrado un placebo, recuperaban pues el rumbo a Moscú.

“El pasaje diligente por el propio capitán exultaba el restablecimiento de la natural normalidad.

«Esto es una aventura, papá.»

  • ¿Puedo tomar fotos con el móvil?
  • ¡No, no, muchacho! Fotos no. Ni videos…

 

  • ¿Por qué? -. Se preguntaban así pues algunos pasajeros tan despavoridos como jocosos.
  • En este caso está prohibido por la normativa internacional.

Se pretende preservar la identidad del personal laboral.

No admitimos fotos, compréndanlo.

Ni siquiera en nuestras eficientes condiciones…

 

«Era así que el capitán Bermúdez había saboteado pues el secuestro de su propia nave.»

  • «Pueden usar los móviles en la red wifi del avión.»
  • No así sí que con algunas restricciones.

«No hagan fotos ni videos ni mantengan conversaciones telefónicas.»

… Impediríamos así provisionalmente interferencias con el sistema de navegación.

 

*

 

El pequeño Danyiel se divertía contemplando su tránsito a Moscú desde su ventanilla a babor. Imaginaba cómo sería el pilotaje de una nave de esta envergadura. El capitán Bermúdez apaciguaba la inquietud de sus pasajeros personalmente.

  • Las condiciones del vuelo contratado por papá son divertidísimas… -.«Comentaba Danyiel hojeando pues el programa del vuelo.»

El pequeño Danyiel intervino frente al capitán a solicitarle una invitación inusual para visitar la cabina de mandos. Era de su interés pues contemplar la vista desde el visor general. ¡Una oportunidad única!

  • Nosotros iremos con el muchacho, le haremos compañía -. Señaló así uno de los dos policías coligados como supuestos terroristas que avanzaban sin pudor junto al capitán Bermúdez atravesando el fuselaje de los pasajeros, invitando así al pequeño Danyiel a la cabina.

¡A la cabina Danyiel! -. Se adelantaban los terroristas.

 

  • ¡Yo también quiero!
  • En otra ocasión… ¡Al regreso!

Danyiel es muy intrépido…

 

  • ¿Están dormidos?
  • Están descansando… -. Le dijo el capitán.

«El vuelo es muy largo.»

  • Me gustaría saber cómo funciona un avión como éste, así, aquí, de primera mano…

¡Es muy emocionante!

 

  • Están ya despertando… Prorrumpía Danyiel.

 

«¿Vamos bien de tiempo?»

«Hay que resolver la directriz del vuelo cuanto antes.»

 

En la cabina de pasajeros un señor joven en la zona de proa y a estribor se alzaba ante la cabina de vuelo empuñando un arma de fuego recortada cortando el paso a su entrada y salida. Fue entonces que el capitán desde el interior disparó rápidamente contra este marrado terrorista. Se trataba así de otra suposición esgrimida contra supuestos policías caídos a estos ultrajados servicios. Sin fluctuar apuntó contra estos dos supuestos agentes presentes derribándolos antes que mostraran señas de aversión. El pasaje se aterraba sin saber dónde protegerse. El capitán puso a salvo a Danyiel antes que nadie pudiera parapetarse con él. Una vez eliminado a todos los demás designados terroristas accedió en remoto al ordenador pirata y desmanteló todo alcance al sistema de vuelo. Ahora conectaba libremente el piloto automático en su sistema de mandos. Hablaba por megafonía sin perder de vista al muchacho ni a su panel de control.

«Los baches de aire habían terminado.»

Su pericia instruida salvaba el detrimento a rehuir.

 

“Un señor joven con aspecto arábigo latino se alzaba en la zona de popa y a babor revoleando su ordenador y empuñando una pistola recortable a la vez que tomaba de rehén a Syusanna, la mamá de Danyiel. Disparó sin mediación al ordenador hasta destrozarlo. El capitán Bermúdez disparó así pues con su asidua fineza sobre el dislocado terrorista. Tripulación y pasaje aturdidos se tornaban verdaderamente indefensos. Nadie sabía ya en quién confiar pues sino en el capitán Bermúdez que al parecer pilotaba con exceso celo su nave entre los recovecos de sus aventuras y acaeceres. Aquí y ahora con su navegación automática.

 

“El secuestrador aquí de la mamá Syusanna era asestado por los exigentes pequeños que intransigentes le pateaban y le aporreaban. Danyiel que pudo oír el alboroto pudo por su pequeña altura recorrer sin peligros todo el pasillo desde la cabina de pilotaje hasta abrazar a su indefensa mamá, y asimismo su hermana Xué se arrojó al terrorista desequilibrándolo sin más mediación. «Algo imprevisto.» A esas alturas sobrevolaban Kiev. «Es así que éste depuso el arma cuando pudo comprobar que el capitán Bermúdez velaba la salvedad de sus tripulantes con balas de fogueo mientras despertaban paulatinamente, y ya en sí. Estos estaban así pues convenidos y sincronizados tal como el percance había resultado confabulado exitosamente.» El padre de Danyiel aterrado por sí mismo agarró a su hijo y con impetuosa fuerza lo protegió contra su pecho:

  • Hijo mío, confía en papá siempre… ¡siempre!
  • Siempre te pregunto lo que ni tú sabes… ¡Pero nunca olvido que eres mi gran papá!

A pesar de que esto no supusiera una bonita aventura servía como una lección al abordaje de la dificultad. Danyiel aunque algo aturdido se adaptaba a las correspondientes imprecaciones. El capitán Bermúdez antes que sus comandantes dispusieran atención cerró esposas sobre ambos que quedaban detenidos por presunto intento de sabotaje terrorista de la nave. «Nadie comprendía aquí nada.» Los policías caídos en manos del incidente no eran ninguno de ellos policías. El atentado había sido previsto y resuelto. Las balas de fogueo se usaron en el momento adecuado sobre pertinentes chalecos antibalas. No hubo otras bajas ni más víctimas que las propias surgentes del asesto, así a su prevención. Hasta aquí el simulacro en sus posibilidades.

Todos palmeaban y aplaudían.

El capitán Bermúdez, decidido a continuar con su astucia, manejaba así libremente las diligencias de la nave. Los dos comandantes revelados en sus puestos habrían de ser entregados a sus pertinentes autoridades una vez en tierra según lo prescrito. No así estos comandantes renegaban a cuanto se les incriminaba con insistencia. Ambos de los inexorables imputados renunciaban a las inculpaciones sin menoscabo alguno. El supuesto policía asistente increpaba usando su arma al cráneo del capitán. Ahora, oportunamente adecuado, sí disparaba. Continuaba así la presunción acorde. El resto de la tripulación y el pasaje como atemorizados se encolerizaban asustados en confuso estupor. Una vez más los disparos y el asalto indisponían la marcha normal del vuelo sin otras asistencias más que las posibles expectantes. Los comandantes tomaban el pilotaje, y el resto de la tripulación era informada en cuanto a las nuevas condiciones del vuelo. Esto es aquí la discontinuidad imprevisible del simulacro prescrito. El jefe de cabina maniató con destreza y fijeza al resto de la tripulación que acababa de despertar afecta de la escopolamina. El pasaje intranquilo pero partícipe en sus conveniencias esperaba mejores sucesiones a las resueltas. No así el capitán Bermúdez no habría de asistir más porque tenía abierto los sesos sobre el panel de mandos. Esto era así de contundente.

La nave se desplazaba rumbo a Moscú con su pilotaje automático activo. El supuesto agente apartó la cabeza, el cuerpo y los restos vitales del capitán Bermúdez de los comandos y se acomodó para el pilotaje de la nave.

  • Les habla el comandante Azores…

Soy el capitán en funciones.

«El simulacro ha concluido.»

 

Sustituyo al capitán Bermúdez por su indisposición…

Cumplimento la hoja de ruta prevista a los efectos.

 

La nave se dirigía a colisionar contra la torre de control del Aeropuerto Sheremétievo de Moscú. A penas diez minutos de distancia. «En el pasaje nadie sospechaba ya nada.» Todo resultaba ser tergiversado para sorprender y falsear. Se habría de concluir que el avión hubiera de completar su emplazamiento designado a cumplimentar datos contra acciones terroristas en vuelo. Pionero en su estudio avanzaba sobre el conocimiento ante estas guerrillas indómitas.

Apenas cinco minutos para el encuentro con la torre de control dos cazas del ejército se le situaron uno a cada aleta a responder. Trataban de desviarle de la ruta depuesta. Una vez a tres minutos a una distancia de ochocientos kilómetros por hora de la torre de Sheremétievo, abrieron fuego.

Concluían los perjuicios gananciales adoptados. Las bajas habían resultado ser el éxito esperado. La aeronave tomaba así pues su posición para abrir pista al tren de aterrizaje.

En tierra, a salvo, la ovación era unánime.

 

*

FIN DEL RELATO.-

ANDRES PABLO MEDINA

 

 

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