LA BATEA (TEATRO CORTO)

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LA BATEA (EXTRACTO)

El Autor: Andrés Pablo Medina

 

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 (Temas musicales. En escena un salón de una casa hogar. Ante la mesilla baja central del tresillo, en el suelo, alejada de ésta más o menos al centro del escenario, una gran batea sobrada y ampulosa con cubiertos y enseres para consumir: salchichas, chorizos, plátanos, panes, pepinos, berenjenas, zanahorias, calabazas, peras, limones, sandias, melones, mangos, etc… Todos muy evocadores al falo. Sobre la mesilla un pequeño frutero con frutas rojas: manzanas, uvas, ciruelas, fresas, cerezas, etc… Bajo la mesilla un revistero con ejemplares de prensa del corazón. El resto del salón muy recargado, una decoración exquisita, muy al gusto del español clásico y burgués. Ante la cuarta pared imaginaria parece estar situado un gran espejo también imaginario que cubre el total del habitáculo, especialmente en la zona central de la pared imaginaria, donde a sus pies se muestra una chimenea apagada, así como un considerable arcón bajo su supuesto marco, ladeado a la derecha ante el proscenio, vista del público, que contendrá vestuario, atrezo y accesorio teatrales indicados para la actuación. Una mujer en escena, vestida con pantalones vaqueros y camiseta, está tumbada sobre el sofá, con la cabeza reposada al brazo izquierdo del sofá, también vista del público, donde leerá desde la presentación, una revista de las disponibles apasionadamente, que le hará reír y sorprenderse muy intensamente. Come una manzana roja.)

 

COMIENZA LA ACCIÓN.-

 

         (Fin de temas musicales.) ¡Esto es desesperante! (Transición.) (Acaba con la manzana.) (Se dirige al arcón.) Menos mal que al menos están estas cosas con las que una se puede distraer… (Suelta la revista.) (Alcanza una grabadora.) Sí,… esperar, esperar, es desesperante. (Transición.) (Comienza a grabar.) Yo lo tengo todo, todo cuanto se puede desear. Sí que hay quien tiene todavía más que yo, sí quien será el más rico de este mundo, pero yo soy muy dichosa. Lo tengo todo, todo lo que quiero. Sé ser feliz con lo que poseo. (Al espejo.) ¿O no es así, Blancanieves? (Risa sardónica.) ¿No es verdad que soy la más hermosa? (Se frota y rasca la nariz con insistencia mientras abandona la grabadora.) (Transición.) Tú eres la culpable, Blancanieves. Tú y sólo tú. Cuando te abalanzaste a mí culminó tu envidia. Eres una asesina. Tú eres la asesina. (Se dirige al arcón y toma una nariz negra de payaso.) Supongo que te gustará guardar el luto,… ¿no Blancanieves? (Caminando hacia atrás sin dar la espalda a los espectadores se sienta en el sillón derecho vista desde el público. Ríe.) Supongo que algún día me dirás algo, algún día me replicarás… es cuestión de tiempo, cuestión de que nos hagamos amigas, que nos entreguemos la una a la otra. Verás que sí. (Transición.) ¡Entonces habré perdido la cabeza!… pero también entonces tú me consolarás, estarás conmigo, y nuestra dicha no tendrá igual en el mundo.

         (Se quita la nariz negra y saca del bolsillo una roja. La negra la deja sobre la mesilla.) ¿Cómo se pueden haber creído que me pienso agachar a recoger la batea para ponerla yo misma sobre la mesilla con lo grande y pesadísima que es? ¡Van a desesperar!… porque yo no pienso arrastrarme por el suelo a recoger nada, absolutamente nada. ¡A mí no me dominan! (Transición.) (Toma una revista y se tumba a leer. Lleva puesta la nariz roja.) (Ríe y se sorprende.) (Al tiempo de unos minutos, se enoja abandonando su lectura y se dirige al arcón con la revista en mano que manipula con desaire). Esto es una mierda… Es una estafa. No hay más que calumnias, positivas o negativas,… que no atienden más que a calumnias, estafas. Una mierda… (Deja la revista y toma la grabadora.) ¿Cómo pueden creerse que yo me voy a creer estas majaderías? ¿Cómo pueden creer que voy a creer en sus propagaciones? Si siguen así con la insistente y minuciosa reproducción de la escena del crimen les va a resultar que van a descubrir que son ellos quienes lo acometen con su empecinamiento… Sí, Blancanieves, porque con tanto trajín para exterminar las cucarachas nos vamos a quedar sin cocina. A ver, que los bichos son muy listos. ¡Qué hay bichos que son…! ¡Qué mejor inmunizarse al arrastrarse por los suelos! (Transición.) En la batea tengo cuanto necesito, pero no estoy yo por la labor de agacharme a recoger por mí misma esas frutas y viandas porque tengo yo mi lomo y mi espalda hecha ya como para recoger por mí misma esas verduras, que no estoy dispuesta ya, vamos, que no es cosa de que yo me agache, porque no puedo, que ni aunque quiera. (Suelta la grabadora en el arcón y se quita la nariz roja que la guarda en el bolsillo.) (Transición.) (Se agacha con muchísimo esfuerzo haciendo varias tentativas hasta lograr tomar una zanahoria de la batea.) (Comienza a comerla.) Mira, Blancanieves, ¡no me pongas esa cara! ¡No me mires así! Sí, así como… (Rebusca en el arcón una montura de gafas con nariz de plástico. Se las pone.) ¡Sí, así! Así como así… (Comiendo la zanahoria.) Porque bien sabes que a la hora de reproducir la escena del crimen eres la primera en ocultar lo necesario para su lucidez. Cuantos intentos se den a exclarecer tu participación siempre se abortarán… (Transición.) Sabes que me costó un dineral comprar el espejo, pero te lo compré. «Quiero un espejo mágico»,- me decías. «Soy Blancanieves». Y aquí estás. Con él. Con él y con nuestra memoria: «¿no te resulta maravilloso?»… ¡Claro que sí! ¡Claro que es maravilloso! (Transición.) (Se quita la montura y la retiene en la mano.) (Se rasca y se frota la nariz.) (Come la zanahoria.) Mira, en esta historia nuestra no hay nada de cierto. Yo llegué hasta aquí por tu propia voluntad. La mía estaba ocupada en el lamento. Nunca he sabido nada más que reconocerlo todo, aun lo que no sé me lo hube de configurar quizá sí de un modo menos familiar, más impropio, inexacto. Pero siempre me he negado y me negaré a recoger esa batea rastrera como si fuera una bestia. No pienso servirme a mí misma como una bestia. (Termina su zanahoria sin dejar restos.) Llámale obcecación o principio, sea como sea seré indómita. (Se pone de nuevo la montura con las gafas y la nariz de plástico.) No le tengo miedo al hambre. El miedo que tengo lo tengo a las represalias que me habrán de suceder. (Toma una peluca negra revoltosa y un bigote prominente del arcón.) Hay mucha gente que muere de inanición… No así ahí está presente el frutero sobre la mesilla. La abuela contaba que perteneció a la abuela de su abuela, y su guarnición nos sirve desde el origen de nuestros tiempos… No hay porqué temer al hambre… Sí, a las represalias, sí… (Transición.) (Toma un puro habano del arcón, cerillas y lo enciende al paso dubitativo de su reflexión.) Cuando se cometió el asesinato yo no podía pensar por nunca jamás que fueras una asesina. Y aún yo no lo creo porque no es posible para mí. Ellos siguen escribiendo sus noticias, una y otra vez recapitulan los pormenores del asunto. Tú sabes que tú eres la asesina. Sabes que tú eres la única asesina. (Se rasca y se frota la nariz de plástico como si fuera la suya propia.) El caso aún no ha concluido. Y no habrá un veredicto final. Yo así no lo permitiré. Nunca. Nunca, nunca. Sí, Blancanieves. Voy a boicotear cuanto pueda al respecto sobre este espectáculo interminable. (Se quita la peluca y la agita en la mano mientras discursa.) Lo haré por tus calumnias, por este «espejo nuestro mágico». (Transición.) «¿No es cierto que soy la más hermosa?…» (Transición.) ¿Cómo…? ¿Qué aún las hay más hermosas que yo?… Ya,… pues claro que sí. (Transición.) ¿Y para ti? Sí, la realidad, la realidad. Lo consiguiente es teatro. La apabullante exposición de los hechos. Tengamos descanso en nuestras almas. Es mejor vivir como esclavos antes que promulgar la realidad inamovible… No te aturulles, es difícil conocer a quién le pertenece el zapato perdido… Es cuestión de interpretar los hechos. Así el juicio, cuando pierdas la cabeza como yo…

 

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LIBRO: Teatro y Narrativa

El Autor: ANDRES PABLO MEDINA

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